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Discurso del ministro de Educación, Cultura y Deporte en la inauguración del Curso Universitario. Toledo, 30 de septiembre de 2014

30/09/2014

Majestades,Salto de línea Presidenta de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha,Salto de línea Alcalde, Salto de línea Rector Magnífico,Salto de línea Rectores,Salto de línea Profesores,Salto de línea EstudiantesSalto de línea Sras. y Sres.

Permitidme, Majestades, que mis primeras palabras valgan para expresar un agradecimiento muy sincero por vuestra presencia en este acto y sobre todo por la que la misma testimonia: el permanente apoyo de la Corona a la Universidad, vuestra infatigable implicación en su desarrollo y mejora, vuestro compromiso con su papel de motor de progreso económico y social de España.

Quiero también agradecer al Rector de la Universidad de Castilla-La Mancha su amabilidad al recibirnos, a la Presidenta de la Comunidad Autónoma y al Alcalde de Toledo su hospitalidad al acogernos para la celebración de este acto. Asimismo deseo felicitar al profesor Pedro César Cerrillo por su lección inaugural, “El poder de la literatura”.

En las 82 Universidades de nuestro sistema están comenzando el curso 2014-2015 más de millón y medio de estudiantes. Los datos del pasado curso revelan que, al igual que había sucedido en años anteriores, la ligera disminución (0,8%) del número de estudiantes es mucho menor que la disminución experimentada por la población que convencionalmente se considera como el núcleo del que se nutre el alumnado universitario, la población entre 18 y 24 años, que descendió el pasado año un 3,2% respecto al año anterior. Por tanto, está aumentando la tasa neta de escolarización universitaria y también está aumentando la proporción de la población de 25 a 34 años en posesión de un título de educación superior.

Estos datos, además, han de considerarse en una perspectiva temporal, que los hace aun más llamativos. En concreto, en el curso de los 25 años que transcurren desde 1975 a 2000 el número de matriculados en la Universidad se multiplica por más de seis y el acceso de los jóvenes a la universidad deja de estar circunscrito a una proporción pequeña y en su mayor parte extraída de los segmentos socioeconómicos altos y medio-altos de la población para abrirse a una amplia proporción de los jóvenes de segmentos sociales mucho más amplios.

La sociedad española, así pues, ha realizado un gigantesco esfuerzo para facilitar el acceso a la educación superior a una proporción de sus jóvenes que ya supera el objetivo marcado por la Unión Europea en la estrategia Europa 2020. Las metas cuantitativas están más que razonablemente cubiertas.

Ahora es el momento de ir más allá y de mirar hacia el futuro. SØren Kierkegaard dejó escrito que “la vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás; mas sólo puede ser vivida mirando hacia adelante”. Y mirando hacia adelante nuestra preocupación debe ser encaminar a nuestra Universidad a estándares que hagan de ella una institución que a través de la generación de conocimiento tenga el potencial de contribuir al desarrollo científico y tecnológico, que permita el desarrollo de una economía basada en la innovación, y que contribuya a mejorar la vida de las personas.

El capital humano de un país, y las ideas e innovaciones que es capaz de generar, constituyen su principal motor económico en la economía y la sociedad del conocimiento. Si Adam Smith tuviera que escribir hoy La riqueza de las naciones estoy seguro de que colocaría en el centro la capacidad de llevar el potencial de talento de cada una de ellas a su máxima expresión.

Los jóvenes que comienzan estos días sus carreras o empiezan un nuevo curso de ellas confían en que una titulación Universitaria les facilitará el acceso a la carrera profesional que desean y a un empleo de elevada cualificación. Si estas aspiraciones legítimas se hiciesen realidad, la Universidad cumpliría con un papel fundamental: el de ser el principal motor de movilidad social, contribuyendo por tanto a garantizar la equidad, permitiendo que cada persona alcanzase sus objetivos vitales y profesionales, sobre la base de su capacidad y su esfuerzo. Y, a través de los mecanismos de garantía de la función social de la educación, evitando también que una situación socioeconómica desfavorable de partida sea nunca un obstáculo para esa movilidad.

Pero para jugar este papel en un mundo que evoluciona rápidamente, es necesario adaptarse continuamente, aprender a competir en un mundo globalizado, abrir las fronteras que se erigieron por miedo a estos cambios. Si no lo hacemos, la Universidad, en lugar de ser el agente transformador que todos deseamos, se convertirá en un mero defensor del statu quo.

Desde el MECD hemos puesto en marcha una serie de medidas encaminadas a promover la mejora de la calidad en la Universidad, que respetan plenamente el complejo marco competencial en que la vida universitaria se desenvuelve: la autonomía de las propias Universidades garantizada por el artículo 27 de nuestra Constitución, el papel de las CC.AA. que son sus principales financiadores, y la normativa básica que corresponde al Estado.

En primer lugar, reconociendo el crecimiento tanto en número como en titulaciones que ha experimentado el ámbito Universitario, no es nuestra intención entrar en un debate estéril sobre si dicho crecimiento ha sido excesivo. Sí creemos, en cambio, que urge un debate mucho más constructivo sobre la necesidad de especialización y diversificación de las Universidades. La práctica totalidad de nuestras Universidades son generalistas, es decir, ofertan un amplísimo abanico de titulaciones.

Para conseguir la excelencia es necesario que cada Universidad analice sus fortalezas y sus debilidades, y que se apalanque en las primeras. De esta forma podrá centrarse tanto en la docencia e investigación en aquellas áreas donde pueda brillar. Esta diversificación permitirá ofrecer a nuestros jóvenes un repertorio de Universidades, cada una de ellas fuertes en un ámbito concreto.

Las Universidades españolas necesitan además alinearse con las del resto de Europa, tanto en contenidos curriculares, como en metodología de la enseñanza, como en la duración de las titulaciones. Es intención del MECD que las decisiones se tomen por las propias Universidades, y serán por tanto potestativas, pero sí queremos facultar e incentivar un encaje más claro con nuestro entorno, que permita a nuestros jóvenes obtener niveles de formación similares en condiciones equiparables.

Después de un período de muchas limitaciones, que nos imponía la crisis económica y fiscal que comenzamos a superar, el próximo año la tasa de reposición para las Universidades aumentará del 10 al 50%. Este es un signo inequívoco de la apuesta de este Gobierno por la Universidad. Pero debe de ir acompañado por un ejercicio de responsabilidad de las Universidades, en el sentido de asegurar que quienes acceden a ella son los mejores candidatos, huyendo de la endogamia que tanto daño ha hecho en el pasado.

Los jóvenes docentes e investigadores que hoy trabajan en el extranjero, deberían de competir por estas plazas en igualdad de oportunidades con aquellos que ya se han incorporado a nuestro sistema Universitario.

Para facilitar este proceso, la ANECA mejorará los procesos de acreditación, asegurando que tienen en cuenta tanto la excelencia en la actividad docente, como en la investigación, e incorporando baremos reconocidos a nivel internacional.

Es fundamental mejorar nuestras bajas tasas de internacionalización, atrayendo talento de todo el mundo y, en particular, de los países con los compartimos una misma lengua.

Quiero también poner de relieve que por segundo año consecutivo el presupuesto de becas y ayudas al estudio, que garantizan que todos los estudiantes independientemente del nivel socioeconómico familiar puedan estudiar más allá de la etapa obligatoria, se mantiene en la cifra más elevada de la serie histórica. Ello permitirá que este curso se pueda mantener una tasa de beneficiarios de esas becas similar a la del pasado curso, la más alta de nuestra historia.

A cambio de este esfuerzo de todos los contribuyentes, se les pidió a los becarios una mejora de rendimiento que han cumplido con creces. Hoy les quiero agradecer su esfuerzo, y les quiero garantizar que será siempre recompensado con el apoyo del MECD.

La mejora en el rendimiento que ha promovido el nuevo modelo de becas, demuestra lo que siempre hemos defendido: que nuestros jóvenes tienen la misma capacidad que los de otros países, pero para desarrollarla hay que incentivarla.

Invitamos a las Universidades a sumarse a un proceso de modernización cuyo objetivo en conseguir la excelencia en todos los ámbitos: incentivándola, reconociéndola y premiándola.

Voy terminando. Quiero también expresar nuestro reconocimiento a los profesores por su dedicación en la tarea de formar a nuestros jóvenes y estimular en ellos el interés en aprender. Albert Einstein consideraba que “el arte supremo del profesor es despertar el placer de la expresión creativa y el conocimiento” y en la Universidad de hoy ese papel de mentor y de motor de la creatividad del estudiante es cada vez más importante. Y por supuesto, agradecer también su trabajo como investigadores y formadores de nuevas generaciones de personal investigador.

También deseo reconocer la dedicación del personal de administración y servicios, quienes con su trabajo diario facilitan la organización necesaria para que la Universidad pueda llevar a cabo su función.

Y por supuesto me quiero dirigir también a los estudiantes. Vosotros sois el centro de la vida universitaria y dais sentido a lo que aquí sucede. De la mano de la preocupación por la calidad está la preocupación por la empleabilidad, sobre la que desde el MECD estamos haciendo un gran esfuerzo de transparencia cuyo objetivo debe ser poner a disposición información suficiente sobre la inserción laboral de los titulados universitarios. La creación de un mapa de inserción laboral y empleabilidad de los titulados universitarios os ayudará a la elección de los estudios con mejor conocimiento de las opciones de empleabilidad que ofrecen.

El desarrollo del Sistema Integrado de Información Universitaria, va a proporcionar datos del acceso al mundo laboral. Se trata de conocer la inserción de los estudiantes graduados en el mercado de trabajo y obtener datos sobre la calidad de la misma (condiciones de acceso, adecuación de los estudios al trabajo que realizan, etc.), en definitiva un conjunto de indicadores que permitan avanzar en la obtención de datos fiables, que se ponen a disposición de todos los sectores implicados y facilitan la toma de decisiones.

Hoy, en este paraninfo de una Universidad joven, en un acto presidido por vez primera por don Felipe y doña Letizia, solemnizamos con el centenario ritual que es propio de las Universidades el comienzo de un nuevo curso. Tradición y modernidad se entrelazan para subrayar simbólicamente la necesidad de respetar la perdurable esencia universitaria y al tiempo encarar con espíritu renovado las exigentes tareas que nos demanda este tiempo. En ese afán siempre encontraréis el decidido apoyo del Ministerio que me honro en dirigir como la de todo el Gobierno al que me honro en pertenecer.

Muchas gracias.

Jose Ignacio Wert OrtegaSalto de línea Ministro de Educación, Cultura y Deporte Salto de línea

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