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Palabras del ministro de Educación, Cultura y Deporte en la apertura de curso de Formación Profesional 2014-2015

07/10/2014

IES Valle del Cidacos, Calahorra, La Rioja, 7 de octubre de 2014

Majestades,Salto de línea Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja,Salto de línea Alcalde,Salto de línea Autoridades,Salto de línea Profesores,Salto de línea Alumnos,Salto de línea Señoras y Señores,

Muchas gracias Majestades por vuestra presencia en este centro de Formación Profesional. He sido personalmente testigo en el curso de estos años de que VV.MM. tienen no sólo una comprensión cabal de la importancia de la Formación Profesional, sino también un compromiso personal importante con su desarrollo. He tenido el honor de acompañaros, singularmente a doña Letizia, a distintos centros, a distintas ediciones de Skills y he podido comprobar la cercanía y el interés con el que os acercabais a esta realidad. Estoy seguro de que nunca va a faltar el apoyo de la Corona hacia esta modalidad educativa dirigida al empleo, estímulo para todos los que trabajamos para mejorar la formación de nuestros jóvenes.

Gracias también a las autoridades presentes, al Presidente de la Comunidad Autónoma de la Rioja y al Alcalde de Calahorra por su hospitalidad.

Mi agradecimiento y felicitación también al IES Valle del Cidacos por acogernos para celebrar este acto. Hoy este centro calagurritano, este municipio y esta Comunidad entrañable que es La Rioja tienen el honor de representar a los más de 6.000 centros que imparten FP en España.

Y lo hace en un momento de clara expansión de la Formación Profesional, del que algunas cifras dan una idea mucho más precisa que cualquier aproximación más o menos retórica.

La previsión de alumnado sobre el curso 2014-2015 señala que la suma de alumnos que están cursando FP Básica, Ciclos de Grado Medio y Ciclos de Grado Superior asciende a algo más de 793.000 alumnos.

No sólo se consolida, sino que se acelera un cambio de tendencia que se inicia a partir del curso 2007-2008 y que da lugar a un incremento del 71.5% en el alumnado de FP entre ese curso y el actual.

Sólo en este último curso, el incremento de alumnado de Formación Profesional ha ascendido al 13%, mientras que el número de alumnos en todo el sistema de Enseñanzas de Régimen General no universitarias ha crecido apenas un 0.7%.

Del total de 793.000 alumnos unos 60.000 han iniciado los cursos de FP Básica, modalidad formativa que introduce la LOMCE, como medida para facilitar la permanencia de los alumnos en el sistema educativo y ofrecerles mayores posibilidades de obtener una formación personal y profesional.

Esta nueva modalidad supone una notable diferencia con respecto a los anteriores PCPIs, ya que habilita para la obtención de un título con valor académico y un título con valor ocupacional, que otorga una cualificación de nivel 1 del Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales.

Es pues significativo el avance, pero queda mucho por hacer. El drama del desempleo juvenil, particularmente agudo en nuestro país, que con el 54% más que dobla la media europea, debe hacernos ver con claridad cuál debe ser nuestra prioridad.

Todos los análisis que tanto desde la perspectiva educativa como desde la del empleo se vienen realizando sobre nuestro país ponen de manifiesto que tanto nuestra elevada tasa de abandono educativo temprano como nuestros problemas de transición de la educación al empleo tienen mucho que ver con la escasa tracción que la Formación Profesional ha tenido sobre los jóvenes españoles en los últimos 30 años. No es momento ni lugar para analizar en detalle por qué. Pero sí lo es para hablar de cómo ponerle cuanto antes remedio.

Es indudable, quizá incluso inevitable, que en ese tiempo en el que ha tenido lugar una enorme expansión del acceso a las enseñanzas post-obligatorias, la vis atractiva de la formación académica que, a su vez, abría las puertas de una Universidad cada vez más accesible haya de algún modo influido negativamente sobre la visibilidad y la deseabilidad social de la Formación Profesional.

Máxime en un contexto en el que –equivocadamente- esta última se asociaba a cualificaciones exclusivamente manuales, tradicionales o de escasa exigencia.

Y si es cierto que haber conseguido una alta tasa de acceso a la Universidad, por encima de los objetivos europeos, es una de las fortalezas de nuestro sistema educativo no es menos verdad que a cambio tenemos una doble debilidad: la elevada tasa de abandono escolar temprano, en buena parte motivada por la escasez de flujo de estudiantes hacia la Formación Profesional, y la escasez de talento formado en cualificaciones técnicas orientadas al empleo. La dimensión educativa y la de empleabilidad son dos caras de la misma moneda: nos sobran jóvenes sin la base formativa indispensable para integrarse con éxito en la vida laboral y nos faltan técnicos -y especialmente técnicos emprendedores bien formados- para rellenar obvias lagunas de nuestro tejido productivo y laboral.

En estos meses, de la mano de la OCDE, estamos llevando a cabo un ejercicio de importancia capital para identificar estos desajustes y sobre todo ver la manera de superarlos. Me refiero a la llamada Skills Strategy, estrategia de competencias, a través de la cual, en diálogo con todas las Administraciones competentes, con los interlocutores sociales, con las empresas, con todos los stakeholders del sistema de educación y empleo vamos a analizar qué nos falta y qué nos sobra tanto en nuestro sistema educativo formal, como en el no formal, como en el aprendizaje a lo largo de la vida, como en la formación para el empleo para que, de un lado, sepamos de qué competencias está más necesitado nuestro tejido productivo y del otro identifiquemos el mejor papel que cada stakeholder puede desempeñar para reducir esas carencias y para acercar la formación al empleo.

Y estoy convencido de que ese ejercicio surgirá una conciencia reforzada de lo que la Formación Profesional puede y debe aportar. Una Formación Profesional que cada vez se parece menos a su estereotipo: la sociedad del conocimiento no sólo demanda perfiles formativos académicos en el sentido convencional, sino, crecientemente perfiles técnicos.

Hoy no podemos imaginar un buen mecánico de reparación de vehículos sin base de autoinformática; quien desempeña una actividad comercial tiene que saber inglés y ser capaz de identificar las características de su mercado, necesita una base estadística; quienes trabajan en el ámbito técnico del sector sanitario tienen que dominar los dispositivos médico-técnicos. En todos los ámbitos encontramos ejemplos claros de la combinación de habilidades con conocimientos especializados avanzados.

En el desarrollo de una Formación Profesional sobre bases más sólidas y mejor ajustadas a la empleabilidad no sólo manda un imperativo de racionalidad económica. Detrás de ese empeño hay también un impulso social, el de construir una sociedad más justa, en la que todos tengan las oportunidades de desarrollo personal y profesional que mejor se adapten a sus intereses y características.

Ese impulso exige también que la arquitectura del sistema de FP tenga una elevada transitabilidad, que se pase con normalidad de una a otra modalidad del sistema y que haya también porosidad en el nivel superior con la formación universitaria. Esta es una exigencia de la equidad que hemos tratado con especial cuidado en la nueva ley educativa.

Pero para que el sistema de FP funcione es indispensable el diálogo y la colaboración entre las administraciones educativas y las empresas. En este sentido me gustaría destacar las experiencias que se están llevando a cabo en el ámbito de la FP dual.

Los datos facilitados por las CC.AA. correspondientes al curso 2013/2014 arrojan un total aproximado de casi 10.000 alumnos que han cursado esta modalidad de FP.

Para este curso, los datos de que disponemos de FP dual nos permiten barajar una horquilla de alumnos de entre 18.000 y 20.000, lo que supone un crecimiento sin precedentes de esta modalidad formativa.

Hemos configurado de forma muy flexible esta Formación Profesional Dual para que los centros tengan un amplio espacio de maniobra en su concreción tanto respecto a la dimensión curricular como a la práctica. Y sobre todo es importante que esta modalidad formativa pueda pegarse al terreno de forma eficaz.

Evidentemente es muy distinto el patrón organizativo en entornos con fuerte implantación de la gran empresa que en otros en que predominan las PYMEs y las microempresas. En esta Comunidad en la que nos encontramos, por ejemplo, el Gobierno regional y la Consejería de Educación han ideado una fórmula que permite la rotación de los alumnos por distintas empresas de tamaño medio o pequeño y además han introducido en el currículo un modelo bilingüe. La FP Dual es un desafío interesante en el que hay que saber conjugar el rigor con la flexibilidad y la creatividad para sacarla adelante.Salto de línea Majestades,

Antes de finalizar quisiera dirigirme particularmente a los alumnos de Formación Profesional para trasladarles todo mi apoyo, darles ánimo y confianza. Tenéis que saber que al elegir la FP estáis apostando por vuestro futuro y por el de todo el país.

Quiero también animar a todos los profesores a proseguir con su tarea de formar a jóvenes y adultos como buenos profesionales y, consecuentemente, como buenos ciudadanos. Mi agradecimiento por la labor que día a día lleváis a cabo, por la dedicación y la paciencia con que la desempeñáis y por vuestro afán de actualizar permanentemente vuestro know how y vuestras herramientas al servicio de los alumnos.

Y quiero también hacer un especial reconocimiento a las empresas que están participando en la Formación Profesional Dual y en las prácticas de otras modalidades. Este es un ejercicio en el que la empresa por supuesto puede mejorar el talento con el que va a funcionar mañana pero además está ya hoy haciendo un ejercicio de responsabilidad corporativa encomiable. Quiero destacar el papel del tutor en la empresa, como un mentor del desarrollo profesional de los jóvenes muy importante para su éxito futuro.

Gracias a todos, porque entre todos debemos desarrollar, prestigiar y potenciar la FP como una opción educativa de primer orden, que facilita la empleabilidad y también el despliegue de todo el potencial de nuestros jóvenes como personas y ciudadanos.

Muchas gracias.

José Ignacio Wert OrtegaSalto de línea

Ministro de Educación, Cultura y Deporte

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