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Día Internacional de la Educación

24/01/2019

Isabel Celaá, ministra de Educación y FP

El pasado mes de diciembre las Naciones Unidas acordaron declarar el 24 de enero como 'Día Internacional de la Educación'. Por primera vez, y en todo el mundo, celebramos hoy el papel que la educación desempeña en la promoción de la paz y el desarrollo.

En un mundo dinámico cada vez más conectado, cuya riqueza se ha multiplicado en las últimas décadas, hay 262 millones de niños y jóvenes que siguen sin estar escolarizados y 617 millones de niños y adolescentes que no pueden leer ni tienen las competencias básicas de cálculo, según los datos de la UNESCO. Hoy en día, menos del 40% de las niñas del África Subsahariana completan los estudios de secundaria y unos cuatro millones de niños y jóvenes refugiados no pueden asistir a la escuela.

Este día nos llama a tomar conciencia de que la educación es un derecho humano básico que en muchos lugares no se respeta.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que es el mayor esfuerzo concertado por superar la pobreza y la inequidad en la historia de la humanidad, reconoce que la educación es esencial para el éxito de sus 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS). El objetivo número 4 nos plantea concretamente “garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”.

El Gobierno de España ha colocado la Agenda 2030 como marco de una actuación que busca consolidar nuestra presencia en el mundo del lado de los que buscan soluciones a los desafíos globales y que prioriza la justicia social en sus políticas.

La mejora de la educación en España resulta crucial para reducir la vulnerabilidad y la pobreza (que afecta al 26% de nuestra población), para prevenir el cambio climático, para garantizar empleos dignos e incorporar a los jóvenes al mercado laboral, para erradicar la discriminación de género...

La educación española ha experimentado una transformación espectacular en estas cuatro décadas de vida democrática. Pero los profundos cambios, acelerados e imprevisibles, que experimenta el mundo nos plantean unos desafíos económicos, sociales y de convivencia de tal magnitud, que debemos trabajar denodadamente para que nuestro sistema educativo esté a la altura del reto.

Desde luego, los recortes y la apuesta por las propuestas pedagógicas del pasado no son la receta para que nuestros niños, niñas y jóvenes desarrollen las competencias que el mundo les va a pedir. Que ya nos pide hoy.

Apostamos por recuperar el papel central de la educación para mejorar la igualdad de oportunidades, la competitividad y el desarrollo integral de las personas.

Para lograrlo hemos revertido por ley los ajustes que durante estos años han puesto tantas dificultades a los docentes en su tarea. Hemos planteado una propuesta de incremento presupuestario, que especialmente con las becas garantice que nadie se quede atrás. Hemos presentado un plan estratégico de modernización de la Formación Profesional…

Pero sobre todo, estamos trabajando con una amplísima participación de la comunidad educativa en reformar el marco legal. No solo para corregir algunos graves problemas que tiene la actual legislación, sino para aumentar las oportunidades educativas y formativas de toda la población española, contribuir a la mejora de los resultados educativos del alumnado y satisfacer la demanda generalizada en la sociedad española de una educación de calidad para todos.

Así, al margen de las inevitables discusiones políticas que un proceso de esta importancia provoca, conviene destacar un hecho fundamental: por primera vez en la historia del sistema educativo español, adoptamos un enfoque de derechos de la infancia entre los principios rectores del sistema, con su cumplimiento efectivo según lo establecido en la Convención sobre los Derechos del Niño, reconociendo el interés superior del niño, su derecho a la educación y la obligación del Estado de asegurarle sus derechos.

Además, planteamos incluir como enfoque transversal la perspectiva de igualdad de género a través de la coeducación, fomentando en todas las etapas el aprendizaje de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, la prevención de la violencia de género y el respeto a la diversidad afectivo-sexual. El tercer enfoque transversal de la Ley es elevar los resultados del sistema en una dinámica de mejora continua de los centros y de una mayor personalización del aprendizaje.

En este Día Internacional de la Educación quiero reiterar nuestro compromiso con el ODS 4, que no es retórico, sino que está en todos los cambios en los que estamos trabajando para tener una educación más inclusiva, equitativa y de calidad y que promueva oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos y todas.

Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación Profesional

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